dilluns, 5 de maig del 2014

Manifiesto autodeterminista.

Nuestros juicios de valor- Todas las acciones se remiten a juicios de valor, todos los juicios de valor son propios o adquiridos- estos últimos son con mucho la mayoría. ¿Por qué los aceptamos? Por miedo- es decir: pensamos que es más prudente simular que también son los nuestros- y nos acostumbramos a esta simulación que se convierte en nuestra naturaleza- Enjuiciamiento de valor propio: quiere decir, medir una cosa en relación con el grado en que nos proporciona placer o disgusto a nosotros, y a nadie más- ¡Es algo extremadamente raro!- Pero nuestro enjuiciamiento del otro, que contiene la razón por la cual utilizamos su juicio de valor en la mayoría de los casos ¿No proviene de nosotros, no es nuestra propia determinación? Sí, pero lo hacemos como niños, y raras veces reaprendemos: generalmente somos toda la vida los payasos de juicios infantiles aprendidos, en la forma en que juzgamos a nuestros semejantes (su intelecto, rango, moralidad, ejemplaridad, maldad) y creemos necesario acatar sus juicios de valor.

 Aurora libro dos aforismo 104
Friedrich Nietzsche.



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Hoy, siguiendo la linea nietzscheniana de los últimos días debido a cuestiones tales como los apuntes del examen que he tenido este 5 de Mayo, una linea que seguirá un poco más, os traigo el Manifiesto Autodeterminista cuya autoría pertenece a la Secta Nihilista, con la cual hablé ya hace tiempo para publicarla. No sé si lo recordarán.

El manifiesto autodeterminista es una poderosa voz que se alza no tanto contra los intentos de dominio por parte de los débiles aterrados con el devenir del mundo sino a favor de comprenderse a uno mismo fuera de estos esquemas de dominio.

Recomiendo enérgicamente la visita a la página web de la Revista Nada en la que este grupo participa junto con otros integrantes. No sólo se publican entradas interesantes si no que se pueden ver las que hasta el momento han sido las cuatro ediciones de la revista de modo on-line gratuitamente.



MANIFIESTO AUTODETERMINISTA

Venir al mundo es una decisión ajena impuesta por la voluntad de otros. Durante nuestra infancia y adolescencia no estamos capacitados para ratificar esa decisión ni imponer nuestra condiciones. Las personas nacemos por decisión de otros en un determinado entorno físico, familiar y social, dotadas de unas características genéticas concretas, que es la parte de esta situación que jamás podremos cambiar. Pero de ahí en adelante podemos modificar y decidir sobre nuestra vida ya que nos pertenece en exclusiva.

No hay voluntad ajena -ni de otro individuo ni de la colectividad, ni impuesta por la tradición, ni por las creencias culturales, místicas o políticas predominantes- que merezca una consideración moral más alta que nuestra propia voluntad ni hay, por lo tanto, restricción alguna al ejercicio de nuestra libertad que cuente con una legitimidad natural.

La mayoría de personas nunca llegan a ser conscientes de su soberanía, de su derecho a la misma ni de la enorme invasión de ésta que padecen. Pero las personas, por si mismas, son seres inteligentes y capaces de auto gobernarse. El derecho a hacerlo es natural y su rango moral es siempre superior a cualquier imposición externa.

Creemos que cualquier persona, en cualquier momento de su vida, tiene toda la legitimidad para reconsiderar y modificar todo aquello relativo a sí misma y a su vida que de ella depende, incluido el propio hecho de existir. Esto le faculta para tomar cuantas decisiones desee sobre su persona, su cuerpo, su mente y su aceptación o rechazo de cualquier valor, su nombre, su relación con los demás y su forma y estilo de vida. No tomar decisión alguna, como hace gran parte de la población, es también una decisión, aunque la mayoría no sea consciente. Los que por simple inconsciencia, por inercia cultural o por desidia se dejan llevar por el statu quo en el que nacieron y fueron educados están también ejerciendo una opción.

Durante siglos se nos ha enseñado y adoctrinado desde las más diversas filosofías e ideologías -desde el cristianismo y el judaísmo hasta el islam, desde el fascismo a la socialdemocracia y desde el comunismo hasta el conservadurismo- que las personas viven en función de la comunidad a la que “pertenecen”, que deben asumir sus valores, tradiciones, reglas. Obedecer. El "altruísmo", la afirmación del "otro", se nos impone desde el colegio hasta el asilo y desde los púlpitos de la iglesia, las tribunas de la política, los medios de comunicación, la paternal institución de la familia o las más diversas organizaciones humanas, pero siempre con el objetivo, consciente o no y a veces incluso bienintencionado, de someternos.

Toda forma de limitación del poder de la persona sobre sí misma, sobre su vida y sobre sus decisiones es ilegitimida en origen. Aunque todas las demás personas del planeta estuvieran plenamente de acuerdo en imponer a un individuo ciertas limitaciones, seguiría siendo moralmente superior el derecho natural de ese individuo a no acatarlas mientras no limite la libertad a otros. Sabemos que los humanos son seres gregarios, que necesitan relacionarse con otros individuos para llevar una vida medianamente soportable, pero también sabemos que las normas de convivencia han sido históricamente dictadas por el poder y la autoridad (religiosa, política, cultural, económica, etc.) y por lo tanto no parten de una legitimidad primaria. Acatar irreflexivamente normas que limitan el autogobierno personal es también ejercer una opción: tal vez la más cómoda para la mayoría pero también la más dolorosa y humillante para algunos de nosotros.

En su camino hacia la supuesta libertad, una humanidad temerosa y débil ha optado por conquistarla a fuerza de decretos y burocracia, a golpe de Estado y policía, mediante un poder casi irrestricto para los gobernantes a cambio de un trato rara vez benévolo y a través de la implantación de sistemas de auto legitimación democrática que han servido para glorificar el ejercicio delpoder y, por ello, para seguir invadiendo el ámbito de decisión de las personas.

Mucho se ha escrito sobre el contrato social entre gobernados y gobernantes, con frecuencia para ensalzar las virtudes de un sistema más teórico que práctico que parece casi diseñado para tranquilizar a las personas mientras se les usurpa su poder de autogobierno. Mediante el contrato social las personas deben someterse al poder de las masas y de su Estado. Se nos ha enseñado a aceptar sin rechistar lo que el poder nos ordena o prohíbe, porque quienes lo ostentan actúan "en nuestro nombre", están "legitimados en las urnas" o responden a la voluntad de la mayoría. Nosotros nos sentimos facultados para hacer absolutamente cuanto deseemos. "Hacer" incluye por supuesto el "no hacer". La libertad de cada uno no termina donde empieza ese eufemismo que es "la de los demás" que sirve como excusa para que las élites interpretadoras hagan y deshagan a su antojo, sino que termina exactamente donde comienza la inalienable soberanía individual de otra persona concreta, real y determinada.

No tendremos a quien idolatrar ni a quien demonizar si nosotros somos nuestros únicos dueños, si nosotros somos, conscientemente, los responsables de todo lo bueno y de todo lo malo que nos suceda, si nosotros razonamos y decidimos con todas las consecuencias, si en definitiva somos libres y no tenemos sino una consciencia plena de nuestra condición de personas, de individuos de una especie animal, únicos y auto poseídos. Ser libres, ser soberanos, es decir, ser plenamente humanos. Quienes no quieran aceptar el reto, sean mayoría o no, están en su derecho de no hacerlo, pero no de imponernos a nadie más las consecuencias filosóficas y políticas de su miedo a la libertad.

Por todo lo expuesto, proclamamos nuestro derecho total e inalienable a la autodeterminación y en ejercicio de la soberanía personal que poseemos, presentamos ante el resto del mundo nuestra declaración de independencia. Así, por la presente, afirmamos que no reconocemos ningún poder ajeno en nuestras vidas.

Secta Nihilista

2 comentaris:

  1. De fet no estic gens d'acord amb el que es diu en el primer paràgraf (néixer no és una decisió sinó un fet casual), però el meu punt de vista no afecta per a res al que s'hi conclou, que ho comparteixo, ni a la resta del que es diu en aquest manifest. Per tot plegat em sembla que, almenys ideològicament, pertanyo en aquesta secta ja que podria signar el que s'hi avoca...

    Secta? Ecs quin fàstic... Hahahahaha...

    Una abraçada.

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  2. Completamente de acuerdo con este manifiesto :3

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